Arte Contemporáneo, arte interactivo, cine, fotografía, imagen digital, La imagen contemporánea - e-image, museología, Reflexiones dentro y fuera del museo

DE LA CONTEMPLACIÓN A LA ACCIÓN

A PROPÓSITO DE LA LLEGADA DEL TREN A LA ESTACIÓN DE CIOTAT

Fotograma de la secuencia de 50 segundos de La llegada del tren a la estación de Ciotat

En 1896, en pleno auge de la Segunda Revolución Industrial, en las grandes ciudades del Reino Unido y de algunas otras capitales europeas, se advertían los cambios que día a día traía el fervor moderno que atravesaba el fin de siglo. La bicicleta, el automóvil, el ferrocarril daban lugar a nuevas formas de traslado en el espacio que reducía además los tiempos.

Por esos mismos años la fotografía había aportado la posibilidad de cristalizar en un vidrio o celuloide las imágenes que se copiarían y multiplicarían luego “mágicamente” al  papel. El tren acortaba las distancias, la fotografía permitía también hacerlo, porque la foto conservaba la imagen de aquel querido que había zarpado desde un puerto para llegar a otro y seguramente no volver.  La foto entonces actuaba como mecanismo contra el olvido, como paliativo de la ausencia, como referente temporal de los presentes que serían pasado, como lo había hecho hasta entonces el retrato pictórico. Para el retratado sin embargo  pudo posar el retado, como pudo no hacerlo. En la fotografía en cambio, la imagen del referente es imprescindible, la imagen quedaría “en” el negativo sólo si el referente se había situado frente al lente. Certificado de presencia, como diría Barthes.

Fotografía, los inicios del cine y el ferrocarril se encuentran en un mismo suceso intrascendente que sin embargo trascendió: la llegada de un tres a una estación, la estación de Ciotat. Fue en 1896 cuando Louis Lumière hizo la toma de cincuenta segundos del tren llegando a la estación. Se trataba de una de las varias secuencias de un embrionario cine, que fueron presentados en un salón de París.

Con las nuevas tecnologías que son factibles hoy en día, el viejo film pudo ser remasterizado y mostrarse con la nitidez que solamente hoy es posible.  

Nos referimos a esta pequeña pieza cinematográfica porque el día de su exhibición los espectadores, que nunca habían visto esa perspectiva del tren “embistiendo” al ojo que lo ve, salieron de la sala se dice, despavoridos. Su máquina perceptiva procesaba un shock: ver algo por la primera vez, lo naturalizarían luego. Hoy sabemos que la imagen es ficción, que es imagen proyectada y que el tren no ingresará a la sala.

Los espectadores de aquella tarde en París nos recuerdan nuestra sorpresa ante las primeras imágenes de realidad virtual (RV), ante la realidad aumentada, o incluso en modo retroactivo, a las primeras imágenes que vimos en la pantalla sin llegar por la fisicidad del cable. Recuerdo, en primera persona, la primera vez que estuve “frente” a una obra de arte interactiva, ante la que asumí la misma actitud contemplativa con la que disfrutaba del tradicional cuadro. Recuerdo que la vi, una y otra vez en el loop que me ofrecía para interactuar con un mouse…preguntándome de qué se trataba la propuesta del autor, sin advertir que mi práctica cultural me imponía la actitud de contemplar, pasivamente frente a esa cosa objetual que se supone es el objeto de arte.  Recuerda también la recepción del capítulo Bandersnatch (2018) de la serie de Charlie Brooker Black Mirror, que sorprendía al pedir al espectador un protagonismo que ignoramos los que asistimos al cine “tradicional”, porque se trataba de una propuesta interactiva, que seguramente será el futuro – criminal – de la poética del cine.

¿Contemplar o actuar?

Se trata de prácticas culturales, se trata de capital cultural (Bourdieu). Nuevas poéticas que, como los espectadores de la llegada de aquel tren a la estación de Ciotat, debemos adiestrar nuestro sensorio para ver estas o aquellas imágenes como la Lumiére, que hoy, 124 años, remasterizada con 4K y permitiendo su reproducción a 60 fotogramas por segundo, vemos en el cristal líquido de nuestro familiar dispositivo digital.

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